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“Chancho flaco sueña con maíz”. La pobreza buena y la pobre bondadosa. Natalia Calabrese y María Graciela Rodríguez*

 

Sinestesia: (Lit) Figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. “Amarillo chillón” o “se oye la luz” son ejemplos de sinestesia.

El diario de Mariana es un magazine conducido por Mariana Fabbiani y co-conducido por Ángel de Brito. Se emite por El Trece, de lunes a viernes de 14:30 hs. a 16:30 hs. Diego Leuco, Mercedes Ninci, Martín Ciccioli son algunos de sus panelistas. El programa mezcla actualidad con chimentos y parece casi un satélite de Bailando por un Sueño.

En una de las emisiones, Fabbiani entrevistó a Margarita Barrientos. Nacida en Santiago del Estero, la Barrientos tuvo nueve hijos propios y uno adoptado. Con lo que ella y su marido sacaban del cartoneo llegaron a alimentar a 15 chicos por día. Entonces se les ocurrió la idea: ¿por qué no organizar un comedor? Y así, en 1996, nace Los Piletones.

Mariana empieza el programa:

– (Mirando a cámara) Hoy es un día especial porque es Nochebuena. Son días movilizantes y queríamos tener una historia inspiradora. Y elegimos a una persona que yo admiro profundamente. Es una luchadora. Su historia genera conmoción, emoción… No hay manera de no conmoverse con lo que le ha tocado vivir y con lo que hizo con lo que tocó vivir. Lo que hizo fue superarse y empezar a ayudar al prójimo. Un ejemplo de honestidad y caridad. (Mirando a Margarita) Contanos tu historia para que la gente sepa de dónde venís y todo lo que tuviste que pasar para ser quien sos ahora.

Margarita comienza su relato y cuenta cómo vivían en el campo con su familia, en una choza. Su madre muere cuando ella tiene diez años, tenía Mal de Chagas y leucemia; su padre abandona a los doce hermanos cuando ella y su hermano mayor eran adolescentes. Tienen que vivir solos y cazar. Cazar para sobrevivir. Hasta que se les acaba la comida y el hermano mayor decide irse a trabajar a otra localidad. Entonces, monta a Margarita en una mula, la traslada al pueblo más cercano junto a una hermana de nueve años, y le dice que viaje a Buenos Aires y que abandone a su hermanita. Margarita recuerda:

 -Veo una choza que tenía juegos, había humo, era un ranchito… Me acuerdo que teníamos mucha hambre. Y le digo a Nilda: andá a pedirle tortilla a la señora. Era chiquita, cruzó un alambrado y salió corriendo a la casa a pedir tortilla. Y yo salí corriendo para la ruta y me fui (lágrimas).

Mientras Margarita relata su vida, tanto ella como Mariana y los panelistas lloran. Frente a una historia como esta, marcada por la tragedia, la orfandad, el hambre, el abandono y la pobreza, no queda otra cosa que emocionarse, afirma Mariana. Y entre sollozos agrega:

 -Después de todo lo que te pasó, lejos de convertirte en una persona resentida, o en alguien oscuro, esto te dio una luminosidad y te dedicaste a ayudar a los demás.

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En una suerte de actualización del mito del buen salvaje, Fabbiani exalta los atributos del “buen pobre”: sumiso, sufrido y trabajador. Sus comentarios apuntan a resaltar el relato de Margarita, y se detiene especialmente en esa parte de su vida en estado de naturaleza, conviviendo con los animales, cazándolos para comer. Había carencias pero eran felices (?). Solo un detalle separa al “buen salvaje” de Margarita: después del abandono de su padre tiene que abandonar la naturaleza e irse a la civilización. A diferencia del buen salvaje, la civilización no va hacia ella sino que ella debe ir hacia la civilización. Por eso mismo, acaso, Margarita fue premiada con el galardón “Domingo Faustino Sarmiento” que el Senado de la Nación Argentina otorga a mujeres argentinas destacadas. También fue nombrada Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2011. Y Fabbiani le da la bienvenida a la civilización, celebrando su llegada pero sobre todo, celebrando que Margarita no haya sido contaminada por los males de la civilización y que continúe siendo aquella persona buena y “pura” del monte.

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Más allá del relato de Margarita, otros factores colaboran en esta construcción melodramática. Desde lo visual, los primeros planos hacen hincapié en las emociones tanto de la entrevistada como de la conductora y de los panelistas. En pantalla partida, aparecen imágenes de chicos o ancianos en un comedor o en ambientes claramente carenciados (con destellos de fucsia, igual que los grafs). Desde lo sonoro o auditivo, la música instrumental, que se incrementa en los momentos más tristes de la historia, y la voz pausada, suave y con acento provinciano de Margarita, colaboran en la generación de la emoción deseada. En la retórica de las imágenes, la sinestesia implica un cruce o unión entre dos cosas sensibles. Y los grafs (que, además, son color fucsia) que aparecen en el zócalo, las unen, anclan el sentido hacia la dirección correcta: “el emotivo relato de vida de Margarita Barrientos”, “la solidaridad en primera persona”, “Margarita Barrientos, un ejemplo de lucha”, etc.

Si bien a lo largo del programa se pueden ver muchas imágenes -al parecer, brindadas por la propia Fundación Los Piletones- las más efectivas son las que no pueden verse, pero que el televidente puede recrear mentalmente gracias a la descripción detallada que hace Margarita de su vida. Expresiones como “no teníamos platos, comíamos en latitas de dulce”, “mi papá no sabía escribir y firmaba con el dedo”, “aún con 50 grados sólo comíamos locro” o “dormíamos arriba de un árbol por miedo a los leones”, generan imágenes visuales muy potentes. Al escucharla, ¿cómo no imaginarse a esos niños solos y salvajes con hambre en el campo? ¿Cómo no visualizar a una Margarita niña corriendo hacia la ruta? En su relato, apoyado por la música melodramática, Margarita aporta imágenes, y para hacerlo, recurre (conscientemente o no) a otras imágenes ya conocidas de la pobreza: la mesa familiar vacía, ella sentada en el banco de la estación de tren, su hermanita yendo a pedir una tortilla… Así se va activando el sentido común visual del que habla Sergio Caggiano en su libro homónimo.

A lo largo del programa pareciera que no existe una “estructura social” sino seres humanos que piensan igual, tanto en la pobreza como en la prosperidad. Mariana y Margarita son iguales, las dos mujeres (por eso el fucsia), ambas sensibles, creyentes y meritocráticas. Ejemplos de lucha, una en la naturaleza, otra en la civilización (y la civilizada le da la bienvenida a la salvaje). En este sentido, durante todo el relato, se puede observar la pantalla partida, que muestra de un lado a Mariana y del otro a Margarita. Y si bien esto las “iguala” a nivel visual, cuando se amplía el plano se puede observar la distancia que en realidad hay entre ambas. Mariana no sólo está lejos, sino que habla desde una posición más elevada. Esta disposición de los cuerpos en el estudio televisivo, evidencia el artificio de la pretendida igualdad entre estas mujeres. Por más que ella sea pobre de los buenos, no son iguales.

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En otro momento del programa se ve, también en pantalla partida, a Mariana con vestido de lamé brillante, rubia, producida, flaca y con joyas; y del otro lado a una niña morocha con delantal cuadriculado, fondo humilde, levantando un vaso en reclamo de alimento. Dos elementos en un mismo plano que claramente se postulan visualmente como no correspondientes y una línea blanca que divide ambas imágenes. “Es la estructura social, estúpido”, parece querer decirnos la compaginación.

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La no correspondencia de sentidos y las diferencias sociales se evidencian también cuando uno de los panelistas se encarga de recordarle a Margarita sus propios límites. Entre violines, le dice:

 -Leí en una entrevista que de chica le dijiste a tu papá que querías ser presidenta. ¿Sigue siendo así?

Y ella responde:

 -En ese momento yo tenía la fantasía que la gente rica no se moría. Fui corriendo a mi papá y le dije: “cuando sea grande quiero ser presidenta y quiero ser rica”. Y mi padre me dijo: “ay, m’hija, chancho flaco sueña con maíz”.

No es posible entender el régimen visual que se está reconfigurando mediáticamente para hablar de la pobreza, si no nos corremos del logocentrismo que implica prestar atención solo a lo verbal. Es necesario salir del análisis puramente lingüístico. Y pensar el régimen visual como una interdependencia sinestésica: comentarios verbales, imágenes visuales, colores, sonidos, imágenes sonoras y musicales, compaginación y planos.

Margarita es un ejemplo de pobre bueno y Mariana espera que eso sea contagioso. Hacia el final del programa, y del paquete de pañuelos descartables para secar lágrimas, afirma:

 -Reflexionar sobre esto, todo lo que podemos hacer con lo que nos toca vivir. Espero que esto sea muy contagioso. Creo que si la tele sirve para algo es para contagiar estas emociones.

Luego Margarita cuenta:

 -El otro día me preguntaban qué era la solidaridad. Yo aprendí de mi mamá, a pesar de que no tenían estudios, me enseñó valores. Yo le preguntaba sobre ese plato de comida que dejaba en el centro de la mesa: para qué dejaba un plato lleno sin que nadie lo comiera. Y ella decía: si viene Dios a pedir ¿qué le vas a dar? Un día vuelvo a casa y veo un linyera comiendo ese plato. Voy y le digo a mi mamita, “él no es Dios”. Mi madre me dice “¿vos los conocés a Dios?”. ”No”, le respondo. Entonces, me dice mi mamita “él es Dios. No le preguntes de dónde viene o cómo se llama, sólo dale de comer”. Y eso es lo que yo hago todos los días, doy de comer a Dios.

Es el pie perfecto para el cierre de Mariana:

 -Ayudar también hace bien, le hace bien a uno. Aunque sea por egoísmo seamos solidarios. Es un pensamiento raro el que estoy planteando, pero ayuda a uno a ayudar a los demás.

Ser solidario por egoísmo es raro, dice Mariana. Sí que es raro. Es como el fucsia: un rosa raro. O como la diferencia entre pasar hambre y cuidarse en las comidas. A continuación, en el mismo programa, después de la parte del comedor de Margarita, viene esto:

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Para ver el Programa completo

* Natalia Calabrese Lic en Comunicación (UBA), Maestranda en Sociología de la Cultura (IDAES) y María Graciela Rodríguez Dra en Ciencias Sociales, Profesora Asociada IDAES-UNSAM

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